La etapa de secundaria es un periodo lleno de emociones y descubrimientos, que enriquecen
la experiencia escolar y que ofrecen numerosas oportunidades formativas para los alumnos.
En esta época, los chicos están en pleno descubrimiento de sus capacidades individuales, de sus habilidades y lazos afectivos, de sus intereses, en suma: están formando su personalidad.

Esta búsqueda intensa y rica permite modos de trabajo diversos, e implica el trabajo con múltiples técnicas para asegurar que los alumnos practican y fortalecen las diferentes facetas de su capacidad y su personalidad. En esta etapa, los alumnos trabajan con maestros por asignatura, y en aulas diferentes durante el día; como parte de su aprendizaje, se fomenta que aprendan diversos modos de trabajo y se fortalezcan en su capacidad de disfrutar las materias y las diferentes personalidades con las que conviven en su quehacer cotidiano.

Nuestros estudiantes son la figura principal, la comunidad contribuye al desarrollo de habilidades socioafectivas, físicas, cognitivas y  ambientales, tanto en nuestro contexto local como el global, brindando espacios de reflexión y diálogo, propiciando que los estudiantes construyan y se apropien del conocimiento, siendo este un proceso dinámico apoyado en  el constructivismo donde el maestro es un guía y acompañante.

Uno de nuestros ejes es la visión sistémica y de complejidad, donde reconocemos la diversidad y propiciamos la inclusión a través de experiencias de respeto y confianza que favorecen el crecimiento personal y comunitario para el trabajo en colaboración.

 

Metodologías de aula y enfoques transversales

Dentro del aula, se trabaja con metodologías que fomentan el desarrollo de las capacidades y habilidades del pensamiento, así como de competencias sociales y emocionales. Se toma en cuenta, para la implementación de estas técnicas y metodologías, la enorme capacidad intelectual de los chicos a esta edad, así como el desarrollo de diferentes inteligencias y habilidades. Dentro de todas las materias, se busca propiciar ciertos enfoques que consideramos transversales: el buen uso y aprecio del lenguaje (oral y escrito), la responsabilidad social y ambiental, el valor de la diversidad y las actitudes que fomentan la convivencia incluyente y participativa, el respeto al cuerpo y la toma responsable de decisiones sobre el mismo a partir de información clara y abierta, y la práctica constante del pensamiento crítico y creativo en todos los ámbitos de la vida, con las consecuencias éticas de dicho pensamiento.